Bogotá D.C. 21 de octubre de 2016
Apreciada Profesora
Me complace poderle escribir, pues no hoy se ha presentado la oportunidad para manifestar mis sentimientos en cuanto a mi experiencia académica, hoy ratificó que la transcripción y memorización que primaban en su clase nunca estuvieron más alejados de un verdadero proceso de enseñanza y siento gran tristeza al recordar que en su clase no pasaba de ser el número 52 de la lista de alumnos, a los que en los dos años de su clase no recuerdo un llamado por el nombre, aun así quiero compartir que me encuentro en la recta final de mi formación universitaria como docente. Esta decisión fue en gran parte tomada por las experiencias académicas sistemáticas que experimenté ya que me veía con la obligación de mostrar que el proceso de aprendizaje es más que repetir de memoria, es más que transcribir un texto, realizar trabajos monumentales que apenas son revisados superficialmente, hoy le digo que usted gracias, porque fue una motivación para reafirmar que enseñar no es trasmitir, la enseñanza es conocer, escuchar, hablar, comprender y construir con otros y para otros nuevos saberes y para ello la herramienta fundamental es comprender que el aprendizaje se da cuando se tienen en cuenta en igual grado de importancia a todos los que participan en dicho proceso.
Profesora esto no es una reprensión, porque también tengo claro que usted se formo profesionalmente bajo las prácticas pedagógicas tradicionales y así formó a sus alumnos, afortunadamente hoy las visiones han dado un giro pedagógico donde el actor principal de la educación es el alumno, eso no quiere decir que las prácticas tradicionales hayan quedado atrás, pero si nos invita a las nuevas generaciones y a aquellos que se embarcaron en la aventura de la enseñanza a repensar las formas como vamos a generar conocimiento en el aula de clase.
Por ahora me despido deseando que se encuentre bien y esperando poder compartir con usted mi experiencia ahora desde la otra parte, la del docente.
Con afecto,
Lady Constanza Ruiz
Carta a mi profesora
ResponderEliminarHola apreciada Lady una carta muy sentida, me recuerda el tiempo en que nos llamaban por número, también llega a mis oídos la melodía de un bambuco que anunciaba el final del recreo; lo peor de todo se presentaba cuando la ruta partiá y me quedaba en el colegio castigada esperando el segundo turno de la tarde; aún siento el nudo que me agobiaba, en aquel tiempo no tenía idea de cómo llegar a la ruta, no comprendía el funcionamiento del tiempo y menos porque no le comentaba a mi madre en casa. La vida generosa conmigo, me llevo a vivir en Medellín y di con un cole pequeño donde eras persona y reconocida al interior del aula.
Se ocuparon de mis problemas de aprendizaje y vi el alivio de mi madre que no sabía qué hacer con su- niña demonio- mote que me pusieron las monjas desesperadas al tener que lidiar con un infante preguntón, (a) curiosa en exceso y que dudaba de la existencia de un dios poderoso por que no cuadraba lo aprendido en las clases de historia, geografía y religión, jaja.
Una experiencia final que deseo compartir es que el cole era judío y aprendí que hay otras formas de sentir a un dios que para ellos no ha llegado.
Bueno, creo que los maestros siempre han querido ir con los cambios, solo que es una labor tan compleja que sin darse cuenta, repiten el patrón de su propio aprendizaje, desnaturalizar ideas y entrar en otros discursos toma su buen tiempo, lo digo por propia experiencia.
Finalmente deseo recordar a nuestra maestra Cuervo que sin perorata alguna logra subjetivar a sus estudiantes a estos nuevos discursos dialógicos que coadyuvan en generar maestros mediadores, anudados al lenguaje del amor que compromete y transforma. Maestra cantaora, narradora de historias, generosa con sus saberes que comparte sin reserva. Hoy por este medio deseo agradecer a mi maestra Cuervo, deseo brindar homenaje a su ejemplo teñido por el amor sincero. Gracias maestra por ser usted autentica y maravillosa hija del sol.
¡y que viva la literatura, los cuentos álbum y el módulo de discurso oral, desde ya muero de añoranza por seguir recibiendo de su sabiduría en las amenas tutorías.
granados.Martha
Muy significativa tu carta compañera, efectivamente como nos menciona es fundamental el discurso del maestro dentro del proceso de enseñanza. Ya que este nos puede marcar en varios aspectos de nuestra vida, aquí la importancia de ver más allá la tarea educativa como una transmisión de conceptos, la tarea pedagógica del discurso es hacer partícipes al otro orientando y promoviéndolo en función de un saber cómo nos menciona Prieto, por una educación liberadora que busque una pedagogía en el cual el conocimiento es un proceso colectivo, donde todos participan desde sus experiencias considerando de esta forma una educación crítica, reflexiva que haga parte de una transformación tanto de docentes y estudiantes para que sean instrumentos esenciales en la formación de sujetos autónomos, dialógicos, que hacen parte del enseñar a pensar, por lo que es central para la educación actual y la educación del futuro teniendo bastantes implicaciones.
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