Daniel Prieto Castillo, El trabajo discursivo. Fragmento de su libro Educar con sentido de 1993 página 12-19 y 23-28, contenido en el módulo de trabajo de Discurso Oral por Clara Inés Cuervo Mondragón. 2003. Bogotá.
Daniel Prieto Castillo nació en Mendoza, Argentina, en 1942. Se inició en el campo de la comunicación en 1965, como periodista profesional, actividad que no abandonó nunca. Es licenciado y profesor de filosofía y doctor en comunicación social. Desde la década del 60 viene impulsando la relación entre comunicación y educación, tarea que ha desarrollado en universidades y espacios de educación no formal en la mayoría de los países de América del Sur. Fue uno de los iniciadores en la región de las reflexiones en torno a la comunicación alternativa, autor de 48 libros entre ellos Educar con sentido objeto de estudio.
Prieto inicia el texto sobre el trabajo discursivo manifestando que la herramienta principal del maestro es la palabra, primando la oral sobre la escrita que con los recursos adecuados logra la comunicación entre alumnos y maestros de manera que se logre un aprendizaje, la generación de saberes se presenta cuando nos permitimos explicitar nuestros saberes, escuchar los saberes de los otros, resaltando el discurso como punto permanente de la relación educador-estudiante.
Afirmar el autor que la especificidad del discurso del maestro es el hecho de ser pedagógico termino que define como: las propuestas teóricas metodológicas y prácticas destinadas a promover el aprendizaje. De esta manera se concibe el discurso más que una mera transmisión de datos como una herramienta que promueve el aprendizaje donde él referente debe ser el estudiante y donde éste sea participé en la generación de saberes, un discurso realizado como una lección teórica obvia por completo el lugar del maestro en la actividad educativa.
Para constatar lo anterior Prieto cita una anécdota en una universidad donde un maestro entra a un salón e inicia su lección por 20 minutos hasta que un alumno que lleva pidiendo la palabra sin lograrlo, lo interrumpe y le dice "profesor se ha equivocado de salón" muy poco sirve la cantidad de información si no se la puede compartir con el interlocutor, afirma el autor "necesitamos de una ciencia y a la vez de un arte, el de comunicarnos con nuestros jóvenes".
La expresión pedagógica en el discurso sostiene Prieto debe tener como elemento fundamental la capacidad narrativa, entendida ésta como la capacidad de hacer fluido y atractivo un discurso, pues según se ofrezca el discurso puede separar y no acercar a las personas, el autor habla en este punto del discurso como relato donde se tiene presente los personajes las situaciones y el ambiente, donde todo transcurre en un espacio y un contexto.
Prieto menciona unas alternativas de prácticas pedagógicas en la tarea de humanizar los procesos de aprendizaje: El aprendizaje con el educador quién es el que posibilita la interlocución, La normatividad como la fluidez del discurso a manera de relato, las relaciones cercano-lejos mediar lo que sucede en el aula con lo que sucede afuera en el contexto social, el compromiso de claridad donde los significado se expresen diáfanamente, la escucha, hacer partícipe al otro es fundamental en el aprendizaje, No hay prisa dice Prieto, avanzar sobre la propia palabra y la del otro explicitando los aportes de todos, el ambiente educativo y el ambiente educativo todo comienza con las primeras impresiones, las relaciones en el aula debe ser pacíficas y con un fin determinado el inter-aprendizaje.
Como lo manifiesta Prieto finalizando este fragmento del libro "de ningún modo. Todo lo dicho en este apartado es una realidad". El contenido del fragmento parece atender más a una esperanza del autor sobre lo que debería ser un verdadero discurso pedagógico y la cruda realidad reflejada en su ejemplo con el profesor de la universidad, un ejemplo que muestra la incapacidad de los profesores de asumir su labor pedagógica y se disponen con exclusividad a dictar un sinfín de datos que desconocen al estudiante como actor relevante del proceso de aprendizaje. No digo que la forma utópica en la que se presenta en el texto lo que debe ser un discurso que tome al otro como agente primordial en la generación de saberes no contenga la seriedad pertinente al tema, consideró que hablar sobre lo que debe ser un verdadero discurso pedagógico puede ser menos idealista y presentar mayor contenido empírico, dónde se expongan las prácticas que dibujen el camino al logro de ese discurso que tenga como referencia al estudiante.
Lady Constanza Ruiz Forero
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